Principio central: deja de intentar ganar el juicio sobre quién tiene razón. Decide qué conducta aceptarás, qué harás si se repite y qué apoyo necesitas.
1. Evalúa seguridad antes que comunicación
Si existe agresión, amenaza, vigilancia, coerción sexual, control económico, encierro o miedo, no anuncies límites que puedan aumentar el peligro. Busca orientación individual y crea un plan de seguridad.
2. Convierte deseos en límites operativos
“Quiero que me respetes” es una petición amplia. Un límite incluye conducta, respuesta y capacidad de cumplirlo:
“Si aparecen insultos, terminaré la conversación y la retomaremos otro día”.
“No entregaré mis claves. Si necesitas confianza, hablaremos de acuerdos mutuos”.
“Las decisiones compartidas quedarán registradas y no firmaré bajo presión”.
3. Habla breve, específico y sin diagnosticar
Describe hechos y consecuencias: “Ayer levantaste la voz y bloqueaste la puerta. No continuaré conversaciones cuando no pueda salir”. Evita “eres narcisista”, porque desplaza la discusión hacia la etiqueta.
4. Mide cambio con evidencia sostenida
- Reconoce lo que hizo sin culparte por provocarlo.
- Respeta límites aun cuando no le gustan.
- Busca evaluación o terapia por decisión propia.
- Tolera que tu recuperación tenga otro ritmo.
- Mantiene cambios durante meses, no solo durante una reconciliación.
5. Si decides tomar distancia
Prepara apoyo, documentos, dinero legítimamente disponible, vivienda, medicación y acuerdos sobre hijos. Si temes represalias, no negocies a solas. La separación física no elimina automáticamente acoso o control digital.
Cuida tu propia salud
Mantén contacto con personas confiables, sueño, atención médica y una terapia individual que no parta de culparte. Registrar hechos puede ayudarte a recuperar claridad, pero guarda la información de forma segura.
Si estás al límite, no confrontes
El protocolo organiza seguridad, apoyo y próximas horas.
Abrir protocolo